Popper (“falsacionismo”)

 Hoy dimos una introducción a la filosofía de la ciencia de Karl Popper. 

Vimos que un requisito fundamental que Popper propone para considerar una hipótesis científica (empírica) es que sea falsable (o refutable):


H es científica =====> H es refutable

Lo cual suena raro: ¿significa que toda hipótesis científica debe ser falsa, o refutada? No, en absoluto. Por eso empezamos explicando a muy grandes rasgos qué significa que una hipótesis sea falsable. Básicamente, dijimos que una hipótesis es falsable si corre riesgos de ser refutada. Una hipótesis falsable es por tanto una hipótesis audaz: su contenido de información y precisión es tal que le es imposible acomodarse o ajustarse a cualquier resultado posible (imaginable) de la experimentación. Esto es, pueden pensarse resultados posibles que, de darse realmente, refutarían la hipótesis.
   En cambio, las hipótesis infalsables (irrefutables) son aquellas que van a quedar bien "pase lo que pase": si pasa A, la hipótesis va a salir indemne, pero si pasa no-A, también: la hipótesis es tan flexible que siempre es posible interpretar que ha sido confirmada (o al menos, no refutada) por los elementos de juicio dados. Dimos como ejemplo las predicciones de los adivinos que están formuladas tan vagamente que es casi imposible no encontrarles datos que parezcan confirmarlas. También sugerimos que algunas hipótesis psicoanalíticas eran empíricamente irrefutables por la escasa información que aducían o por la manera ambigua en que eran formuladas.

    Tomemos el primer ejemplo. En 2001 cayeron las Torres gemelas, y algunos tomaron esto como una confirmación de Nostradamus, quien había escrito: "Dos colosos caerán". El comentario de Popper sería: ya que toman esto como una confirmación de la profecía de Nostradamus, cabe preguntar: si no caían las Torres, ¿quedaba entonces refutado Nostradamus o, al menos, en alguna medida desacreditado? Y la respuesta es que no. Porque en principio es muy fácil encontrar dos cosas que puedan (alegóricamente) tomarse como "colosos" que "caen"; y aun si no los encontráramos, podría decirse que no hemos buscado lo suficiente, o que la caída va a ocurrir, pero en algún otro momento (no especificado). Es decir, es prácticamente imposible pensar elementos de juicio o situaciones posibles que, de darse, refutarían la predicción de Nostradamus: es irrefutable (en el sentido en que Popper usa este término). Y esto sucede simplemente porque la forma en que está formulada la predicción es sumamente vaga e indeterminada.
   Veamos que es lo que sucede en casos como éste, según los comentarios de algunos alumnos del curso:

Pase lo que pase, siempre se puede alegar que es verdadera
No es específica
Siempre va quedar bien

Y convinimos en que esta "comodidad" de la hipótesis-profecía, su carácter "escurridizo", el hecho de que está a buen resguardo de cualquier refutación, no era una virtud de la misma, sino un vicio, derivado de la vaguedad con que estaba formulada. Y esto es justamente lo que dice Popper. Para ser científica, una hipótesis no puede limitarse a hacer afirmaciones vagas, imprecisas o que no se sabe qué están diciendo. Las hipótesis de la ciencia, según Popper, deben ser precisas, de alto contenido informativo y por ello refutables: deben exponerse a la refutación posible, de manera que uno debe poder imaginar casos posibles que, si se dieran, mostrarían que la hipótess es falsa (esto es justamente lo que no pasaba en el caso de la profecía de Nostradamus).

    Por ejemplo: si proponemos una hipótesis que afirma que el período de las estrellas cefeidas no supera los 20 días, estamos en presencia de una hipótesis refutable. ¿Por qué? Porque la hipótesis es arriesgada, en tanto cualquier cefeida que encontremos con un período superior a 20 días refutaría la hipótesis: hay pues casos imaginables que, de darse, la refutarían. Esto quiere decir que la hipótesis no es compatible con cualquier cosa que pudiera llegar a pasar: encontrar una cefeida con período superior a 20 días la derribaría.

   Las hipótesis refutables, como dice Popper, prohíben que sucedan ciertas cosas: le ponen límites al comportamiento de la realidad. Por ejemplo, la hipótesis sobre las estrellas cefeidas prohíbe entre otras cosas que haya cefeidas con período de (digamos) 48 días. Si encontramos una cefeida tal, se infringe la prohibición y la hipótesis se refuta. En el texto de Popper La lógica de la investigación científica (cap. 1, apartado 6, p. 40) tienen una formulación muy interesante sobre esto:

No en vano llamamos "leyes" a las leyes de la naturaleza: cuanto más prohíben, más dicen.

En cambio, las hipótesis irrefutables (Nostradamus etc.) no prohíben nada y no ponen ningún límite: pase lo que pase, se comporte el mundo como se comporte, siempre van a quedar bien y será muy fácil encontrarle "confirmaciones": no corren riesgos, son demasiado flexibles, no hay ningún límite infringido el cual quedarían refutadas. Lo que nos dicen sobre el mundo es, pues, muy poco.

   Entonces, ésta es según Popper una condición necesaria para que una hipotesis sea evaluable por la ciencia empírica: que sea refutable, que se arriesgue a ser refutada. La refutabilidad está asociada a la audacia, a la precisión, a la claridad, a un contenido alto de información; y se opone a la vaguedad, la flexiblidad, la imprecisión, a los contenidos exiguos de información.

Vimos que el procedimiento de la ciencia es el de diseñar creativamente teorías e hipótesis contrastables (refutables, audaces) para resolver problemas científicos y luego someter esas teorías e hipótesis a discusión y control empírico, esto es, a contrastaciones empíricas rigurosas, que buscan hallar posibles fallos o puntos débiles en las hipótesis. Si la contrastación resulta en una refutación, se ha detectado un error que puede conducir a la reformulación o rechazo de la hipótesis. Si, en cambio, queda corroborada, la hipótesis sigue en pie pero, por lo que explicamos la clase anterior, esto no significa que la hipótesis quede total ni parcialmente asegurada (es decir: no queda ni verificada ni hecha altamente probable).

En particular, nos detuvimos un poco más en el rol de la contrastación empírica según la concepción popperiana de la ciencia. Y vimos que los científicos, en la metodología de Popper, contrastan sus hipótesis con el objeto de encontrar posibles errores en la hipótesis, si es que existen: esto es, por si la hipótesis, a pesar de sus méritos ostensibles, fuera falsa - y sin duda debemos estar abiertos a esa posibilidad -, tratamos de que sus errores salgan a la luz lo más rápido posible, sometiéndola a una batería de contrastaciones implacables que intentan "cacharla", encontrarle casos contrarios. Si logramos descubrir un caso contrario (un error, pues), la teoría o hipótesis deberá ser descartada o al menos modificada, puesto que nosotros sólo queremos teorías verdaderas, y justamente por ello estamos tan atentos a sus posibles errores.
   Las contrastaciones proceden de manera deductiva: razonamos que si la hipótesis es verdadera (y eso es lo que quisiéramos), las consecuencias que derivamos de ella mediante razonamiento lógico-matemático también deben serlo; y nos interesan especialmente aquellas consecuencias que resulten novedosas, sorprendentes, improbables, pues es examinando esta clase de consecuencias donde más esperamos que, de ser falsa la hipótesis, se obtenga un resultado que desenmascare su falsedad. Las contrastaciones que nos interesan son pues contrastaciones exigentes o - para usar la expresión de Popper - "severas".
   Luego se procede a determinar si estas consecuencias que extrajimos son o no verdaderas. Si son verdaderas, la teoría queda "corroborada", lo cual significa que hasta ahora nada hace pensar que sea falsa, que no se ha encontrado ningún contraejemplo a pesar de nuestros sinceros esfuerzos por encontrarlos, y que por tanto podemos seguir manteniéndola; en cambio, si las consecuencias son falsas, las cosas no pueden quedar como estaban: hemos detectado la presencia de un error, y debemos remediarlo por medio de una nueva propuesta.
   En una palabra, contrastar una teoría es para Popper intentar refutarla: someterla a una contrastación exigente con el objeto de ver si la resiste, si sale airosa de nuestro embate experimental, de nuestro examen. Nótese que esta actitud de los científicos frente a sus teorías es cualquier cosa menos complaciente: la actitud es crítica, y el deber de todo científico que propone una teoría no es enamorarse de ella sino convertirse en su primer examinador crítico, el primero en plantearle desafíos, en sugerir contrastaciones con riesgo de refutación e invitar a los demás científicos a que diseñen contrastaciones novedosas de su teoría. La actitud científica es la actitud crítica. No porque nos gustaría que nuestras teorías queden refutadas (a nadie le gusta eso), sino porque no queremos que nuestros errores nos pasen inadvertidos.

   Como decíamos, al diseñar una contrastación, nos concentramos en examinar aquellos ámbitos en que más esperaríamos que aparezcan los contraejemplos, los casos contrarios; en que más esperamos poder "cachar" a la hipótesis, si es falsa. Esta actitud popperiana fue expresada por el genial físico Richard Feynman con las siguientes palabras:

Los experimentadores efectúan la búsqueda con mayor esmero allí donde es más probable hallar la refutación de nuestras teorías. En otras palabras, tratamos de encontrar nuestros errores lo más rápido posible, puesto que es el único camino del progreso. 

   En cambio, si no prestamos atención a las zonas donde esperaríamos hallar los casos problemáticos y sólo nos concentramos en lo que parece ir bien, vamos a pasar por alto nuestras equivocaciones y perpetuaremos nuestras teorías erróneas. Nos estaremos comportando dogmáticamente.

Popper ejemplifica todo esto con la contrastación de la teoría de la relatividad general de Einstein durante el eclipse solar de 1919 (esto está explicado en el apunte también). La teoría predecía un efecto novedoso (defección de los rayos de luz de ciertas estrellas angularmente cercanas almsol, y consiguiente desplazamiento aparente de la posición de dichas estrellas) cuya ocurrencia (o no ocurrencia) podía determinarse en dicha contrastación. La predicción de Einstein era arriesgada, y él mismo dejó en claro que si los resultados mostraran claramente que no se producía el efecto predicho, él abandonaría su teoría. Muchos científicos pensaban que esa contrastación iba a significar la muerte de la teoría, ya que se la indagaba precisamente mediante una de las predicciones más arriesgadas, más novedosas, más improbables. Se la examinaba allí donde los científicos más pensaban que podía llegar a fracasar - tal como recomienda la metodología crítica popperiana: intentaban “cacharla”. No la cacharon: los resultados fueron como predecía la teoría Einstein, con lo cual quedó corroborada. Se comprende entonces la idea de Popper de que la corroboración de una teoría es un intento fallido de refutación. 

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